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ANÁLISIS TRANSACCIONAL Y TRAUMA: CUANDO EL JUEGO ES LA ÚNICA FORMA DE VINCULARSE

EL CASO MAURO

📖 Este post se inspira en el caso de «Mauro», extraído del libro «Las cicatrices no duelen» de Anabel González (Ed. Planeta). Una obra que recomiendo si quieres profundizar en cómo las heridas de la infancia se cuelan en nuestra vida adulta.

Para el analista transaccional, Mauro no es solo un hombre con una historia de abandono; es alguien que ha estructurado su tiempo y sus relaciones en torno a un guion de vida específico, basado en un conjunto de mandatos y decisiones tempranas. Su comportamiento en terapia no es una resistencia al azar, sino la repetición de un juego psicológico que conoce a la perfección.


1. El Diagnóstico del Guion: «No soy importante» y «No existo»

El núcleo del problema de Mauro se encuentra en las decisiones de guion que tomó de niño para sobrevivir emocionalmente al abandono de su padre y a la inversión de roles con su madre.

El Abandono (El Padre): La marcha de su padre fue un golpe devastador para su posición existencial. Probablemente pasó de un «Yo estoy bien, Tú estás bien» (la confianza básica del niño) a un «Yo no estoy bien, Tú estás bien» (si papá se fue, es porque algo malo hay en mí). Sin embargo, rápidamente transformó este dolor en una decisión de supervivencia.

El Mandato y la Decisión (La Madre): Su madre, al volcarse en él y hacerle su apoyo, le transmitió un poderoso mandato no verbal: «No seas niño» o «No tengas necesidades» (tú eres el que cuida, no el que es cuidado). Mauro decidió entonces: «Para sobrevivir y ser amado, debo ser fuerte, competente y no necesitar a nadie». Esta decisión, tomada en su Estado del Yo Niño, se convirtió en la base de su guion de triunfador aparente, pero con un profundo sentimiento de vacío.

2. Los Estados del Yo en Juego

Para entender su comportamiento, debemos observar los Estados del Yo desde los que opera Mauro:

  • Padre Controlador Negativo: Es el Estado del Yo que Mauro muestra al mundo. Crítico, descalificador, competitivo, siempre listo para demostrar que es superior y que los demás (como el terapeuta) son incompetentes. Es la armadura que construyó para protegerse del niño vulnerable.
  • Niño Adaptado Sumiso: Bajo esa fachada, reside un Niño que fue obligado a madurar prematuramente. Es un Niño Adaptado Sumiso que aprendió a complacer a su madre siendo el «hombre de la casa». Pero también es un Niño Adaptado Rebelde, que expresa sus necesidades frustradas a través de conductas autodestructivas (adicciones, infidelidades) que él mismo no entiende.
  • Adulto: Su Adulto está altamente desarrollado para el trabajo y la lógica, pero completamente contaminado por las creencias de su Padre y las emociones de su Niño. Su capacidad de análisis está al servicio de su guion, no de la realidad.

3. El Juego Psicológico en la Terapia: «Patea a mi terapeuta»

La relación con la terapeuta es una repetición de su guion. Mauro no sabe relacionarse desde la intimidad, solo desde la dominación. Intenta engancharla en un juego psicológico que, en AT, podríamos denominar «Patea a mi terapeuta» (una variante de «Pateen a mi hijo» o «Ahora te tengo, hijo de puta»).

Las posiciones del juego son tres: Perseguidor, Salvador y Víctima. Mauro busca activamente estos roles para evitar la intimidad y confirmar su creencia de guion: «No puedo confiar en nadie, al final todos me abandonan o son incompetentes».

Secuencia del juego en la terapia:

  • Víctima (aparente): Mauro acude a terapia con un objetivo («dejar de pensar en su amante»). Se presenta como alguien con un problema a resolver. Coloca a la terapeuta en el rol de Salvador.
  • Perseguidor (el cambio): En cuanto la terapeuta intenta ejercer su rol, Mauro activa su Padre Controlador. La desafía, cuestiona su competencia, descalifica sus interpretaciones y el método EMDR. El juego ha comenzado. Él ya no es la víctima; ahora él es el Perseguidor y busca convertir a la terapeuta en su Víctima. Si ella se defiende, entra en su juego.
  • La Trampa para el Salvador: Si la terapeuta, en un intento de ser competente, le discutiera, le demostrara que está equivocado o tratara de «salvarle» de su propia actitud, estaría aceptando el rol de Salvador que él le ofrece. Esto confirmaría la dinámica que Mauro conoce: «Tú intentas salvarme, pero yo soy más listo y te demuestro que eres inútil». El juego terminaría con Mauro sintiéndose superior y reafirmando su creencia de que nadie puede ayudarle, y la terapeuta sintiéndose frustrada e incompetente (Víctima).

4. La Intervención del Terapeuta: Romper el Juego desde el Adulto

La clave del éxito en este caso, desde la óptica del AT, es que la terapeuta no acepta la invitación al juego. Actúa consistentemente desde su Adulto y su Padre Nutritivo, sin dejarse atrapar por los anzuelos.

  • No entrar en el rol de Salvador: Ella no compra la historia de Mauro de que ella es la experta que resolverá su problema mágicamente. Esto desactiva la primera ficha del dominó.
  • Señalamiento desde el Adulto: Ante las descalificaciones, ella no se defiende ni se enfada. En su lugar, observa en voz alta lo que está pasando: «Me doy cuenta de que estás repitiendo en la terapia tu patrón de control y dominación». Este es un acto de Adulto puro: describe la realidad de la interacción sin juzgar.
  • Mantener la posición de «Yo estoy bien, Tú estás bien»: Al no enfadarse, le está diciendo implícitamente: «Yo estoy bien (no me derrumbo ante tus ataques) y tú estás bien (no eres una mala persona por hacerlo, solo estás repitiendo un patrón)». Esta posición es radicalmente opuesta a la que Mauro espera (o alguien gana o alguien pierde).
  • Explorar el miedo subyacente (el Niño Vulnerable): Al no obtener la respuesta esperada, la armadura de Mauro empieza a resquebrajarse. El Niño Adaptado que lleva dentro, el que teme al rechazo y al abandono, se asoma. La terapeuta, al mantenerse firme y acogedora, le ofrece un lugar seguro para que ese Niño pueda hablar sin ser castigado.

5. La decisión de Guión y la Redecisión

En AT, una decisión de Guión es una creencia fija e inamovible del Niño, como «no valgo la pena» o «no merezco que me quieran». Mauro vive con esa creencia congelada en su interior. Su conducta adulta es una forma de compensarlo.

Cuando finalmente, en un entorno seguro, puede conectar con el dolor de aquel niño abandonado y procesarlo (con EMDR), se produce una redecisión. El Niño en su interior ya no necesita creer que «no es importante» para sobrevivir. Puede dejar ir esa carga. La mochila se vacía.

Al hacerlo, su Adulto se descontamina. Ya no necesita probar constantemente su superioridad (Padre Controlador) para protegerse. Puede relacionarse desde un lugar más auténtico, pudiendo elegir, por primera vez, la intimidad sobre la dominación. El guion de «ser fuerte y no necesitar a nadie» deja de ser una condena y se convierte en una historia que ya pasó.

📌 En resumen, desde el Análisis Transaccional, la terapia de Mauro fue un proceso magistral de desmantelamiento de un juego psicológico, que permitió al Niño herido ser visto y cuidado, para que el Adulto pudiera, finalmente, hacerse cargo de la vida del hombre.

¿Te ha resonado este análisis? Comparte tu perspectiva sobre el caso.

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