Atcomunicación

8 marzo y Trump

Cuando el mundo entero contiene el aliento

Cuando el mundo entero contiene el aliento

El miedo al próximo movimiento de Trump y lo que nos dice sobre el abuso de poder

Esta mañana me desperté con unas palabras que no he podido quitarme de la cabeza. El escritor Emmanuel Carrère, presentando su nuevo libro Koljós, describió algo que muchos sentimos pero no sabíamos cómo nombrar: los líderes del mundo están «paralizados, tetanizados», esperando descubrir cuál será el humor de Trump al amanecer.

Tetanizados. Como un músculo en espasmo permanente. Como alguien que no se atreve a respirar por miedo a hacer ruido.

Con el 8 de marzo a la vuelta de la esquina y una guerra iniciada de forma arbitraria en las noticias, necesitaba escribir esto. Porque ese estado de parálisis que describe Carrère no nos resulta ajeno. Lo hemos visto de cerca: un padre, una madre, un novio, un amigo. Seguramente, con mayor o menor intensidad, lo has experimentado.

El miedo que paraliza: ¿te suena esto?

Imagina que cada mañana, antes de abrir los ojos del todo, ya estás haciendo cálculos. ¿Cómo está hoy? ¿Qué tono tiene su voz? ¿Es un día en que puedo hablar, moverme, existir con libertad, o tengo que andar con pies de plomo?

Muchas mujeres reconocerán ese despertar. No el suyo propio, sino el despertar orientado hacia el otro: ese escaneo silencioso del ambiente antes de atreverse a ser.

Pues bien: eso mismo, exactamente eso, es lo que Carrère describe en la alta política internacional. Los jefes de Estado del mundo haciendo lo mismo. Revisando Twitter —perdón, X— a las siete de la mañana para saber si hoy habrá aranceles, o guerras, o insultos, o una foto sonriente. Porque no hay manera de saberlo de antemano.

El caos no es un accidente: es la herramienta

Aquí está la clave que cambia todo: el caos no es una consecuencia del descontrol. Es la estrategia.

Si alguien fuera hostil siempre y de la misma manera, podrías defenderte. Aprenderías sus patrones, te adaptarías, te protegerías. Pero cuando las reglas cambian cada día —hoy hay tregua, mañana hay bombardeos; hoy te elogia, mañana te humilla— tu sistema nervioso colapsa. Te quedas quieto. Dejas de actuar. Empiezas a sobrevivir en lugar de vivir.

Esto tiene un nombre en psicología: indefensión aprendida. La persona —o el país— llega a la conclusión de que sus acciones no cambian nada. Y cuando crees que no puedes cambiar nada, dejas de intentarlo. Eso es exactamente lo que el poder abusivo busca conseguir.

Lo pequeño y lo grande se parecen demasiado

Lo que ocurre en el salón de una casa donde hay maltrato y lo que ocurre en las cancillerías del mundo tienen una estructura idéntica:

La autonomía desaparece. Una mujer que no puede tomar decisiones propias porque todo depende del estado de ánimo de otro. Un gobierno que no puede planificar su futuro porque todo depende del próximo tuit de Washington.

El agotamiento hace el resto. Vivir en una realidad que cambia cada mañana consume una energía enorme. Y el agotamiento facilita la sumisión. Es más fácil obedecer que seguir intentando descifrar un enigma sin solución.

La parálisis se vuelve norma. Como dice Carrère, «no pueden realmente desarrollar su labor». No porque no quieran, sino porque toda su energía va en adivinar el siguiente golpe.

Este 8 de marzo: nombrar es el primer paso

El abuso no es solo un puño. Es también una arquitectura psicológica diseñada para que quien la sufre deje de confiar en su propia percepción, en su propio criterio, en su propia capacidad de actuar.

Por eso nombrar lo que ocurre es el acto de resistencia más básico y más poderoso. Cuando ponemos palabras a la parálisis —ya sea la de una mujer esperando ver qué cara trae su pareja, o la de un primer ministro esperando ver qué humor tiene el hombre más poderoso del mundo— empezamos a verla desde fuera. Y lo que se ve desde fuera puede empezar a cambiarse.

Reconocer que el caos es una herramienta de control, no un estado natural de las cosas, nos devuelve algo fundamental: la capacidad de actuar por nosotros mismos.

Los que usan el caos como poder cuentan con que nos quedemos quietos.
La mejor respuesta es exactamente la contraria: movernos, nombrar, actuar.

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