Sistema neuroinmune y creencias
💗 El Día Internacional del Orgasmo Femenino: una conversación entre Maluisse y Velle
8 de agosto · Un diálogo sobre tabúes, vergüenza y el derecho al placer
🩰 8 de agosto · Día Internacional del Orgasmo Femenino
Cada 8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino. En esta ocasión, en lugar de un artículo informativo tradicional, hemos querido acercar el tema a través de una conversación íntima entre dos personajes que ya nos acompañan: Maluisse, una abuela sabia y terapéutica, y Velle, una joven que lucha contra su propio perfeccionismo. Juntas exploran los tabúes, la vergüenza y el derecho al placer desde un lugar cercano y humano.
💬 Diálogo: El peso de los silencios
Velle: Abuela, hoy es el Día del Orgasmo Femenino y… no sé, siento vergüenza incluso de pronunciarlo en voz alta. Es como si hablar de placer fuera indecente.
Maluisse: ¿Y qué te dice esa voz que sientes, ternura? ¿Qué te dice sobre ti misma por querer hablar de esto?
Velle: Me dice que las mujeres decentes no hablan de estas cosas. Que si lo hago, la gente pensará que soy… demasiado. O que algo me falta. Como si el placer fuera un lujo, no un derecho.
Maluisse: Esa voz que escuchas no es tuya desde siempre. La aprendiste. Desde pequeña te enseñaron que tu cuerpo era algo que debías ocultar, controlar o silenciar. Que el placer femenino no merecía nombre propio.
Velle: Sí… recuerdo que en casa ni siquiera se pronunciaba la palabra vulva. Todo eran eufemismos. Y en la escuela, la educación sexual se reducía a «no quedes embarazada» y «cuídate de las ETS». Del placer, ni una palabra. Del clítoris, ni su nombre.
Maluisse: Y ahora, cuando intentas reclamar ese conocimiento, tu Padre Crítico —esa voz que aprendiste— te dice que estás siendo indecente. Pero dime: ¿tú qué piensas de una mujer que conoce su cuerpo, que sabe qué le gusta y se permite disfrutar?
Velle: Pienso que es valiente. Que es… sana. Pero cuando me miro a mí misma, siento que debo ser perfecta incluso en esto. Como si no alcanzar el orgasmo fuera otra prueba de que no soy suficiente.
Maluisse: Ahí está tu patrón, cariño. El mismo perfeccionismo que te atormenta en el trabajo, ahora se cuela en tu cama. Tu Padre Crítico te dice: «Si no llegas, fracasaste». Y tu Niño Libre —esa parte tuya que sabe jugar, que sabe sentir sin juzgar— se esconde de nuevo.
Velle: Es verdad. A veces estoy tan pendiente de «llegar» que dejo de disfrutar el camino. Es como si me observara a mí misma desde fuera, juzgando cada sensación.
Maluisse: Eso es lo que Masters y Johnson llamaron el «efecto espectador». Estás en la cama, pero tu mente está en el tribunal. Y en ese tribunal, la acusada siempre eres tú. ¿Y si en lugar de eso, dejaras que tu Niño Libre explorara sin prisa, sin objetivos, sin nota final?
Velle: Me da miedo. Me da miedo no saber qué me gusta. Me da miedo que si lo descubro, sea «demasiado». Me da miedo… decepcionar.
Maluisse: ¿A quién decepcionarías, ternura? ¿A un amante imaginario? ¿A una sociedad que nunca te enseñó a nombrar tu propio cuerpo? La única persona a la que decepcionas cuando te niegas el placer… eres tú misma.
Velle: Pero abuela, ¿y si nunca lo he sentido? ¿Y si soy de esas mujeres que no pueden? Me da vergüenza incluso pensarlo.
Maluisse: Primero: no hay «esas mujeres». Hay mujeres a las que nunca se les enseñó. Hay mujeres que toman medicamentos que lo dificultan. Hay mujeres que viven con ansiedad que bloquea la respuesta. Hay mujeres que nunca tuvieron un entorno seguro para explorar. Ninguna de ellas está rota. Todas pueden aprender.
Maluisse: Segundo: la ciencia dice que solo el 4% de las mujeres alcanza el orgasmo exclusivamente por penetración. El otro 96% necesita estimulación clitoriana directa. ¿Te das cuenta? No es que tu cuerpo sea defectuoso. Es que te vendieron un manual equivocado.
Velle: Nunca lo había pensado así. Siempre creí que si no lo lograba con penetración, era porque yo no servía. Que las demás sí y yo no.
Maluisse: Esa es la mentira que la cultura te contó. Y tú, con tu Padre Crítico bien entrenado, la convertiste en verdad absoluta. Pero tu Adulto puede ahora elegir otra historia: la de una mujer que merece conocerse, que merece preguntar, que merece guiar a su pareja sin vergüenza.
Velle: ¿Y cómo empiezo? ¿Cómo dejo que mi Niño Libre juegue sin que mi Padre Crítico me juzgue?
Maluisse: Empieza por nombrar. Di en voz alta: clítoris. Di: vulva. Di: placer. Cada palabra que pronuncias sin rubor le quita poder al tabú. Luego, explora sin objetivo. No busques «llegar». Busca sentir. La masturbación no es un examen: es un diálogo contigo misma.
Velle: Me cuesta. Me siento expuesta.
Maluisse: La exposición que temes no es física: es emocional. Temes que si te permites sentir, descubras que has vivido mucho tiempo negándote a ti misma. Y eso duele. Pero también libera. Cuando el Padre Crítico grite «¡indecente!», deja que tu Adulto responda: «No, solo soy humana. Y mi cuerpo es mío».
Velle: ¿Y con una pareja? ¿Cómo le digo lo que necesito sin sentir que le estoy exigiendo?
Maluisse: Una pareja que te ama no se siente exigida: se siente guiada. El verdadero amor no teme la honestidad. Si alguien se ofende porque le dices cómo tocarte, el problema no eres tú. Pero primero debes creer que mereces ser escuchada. Y eso, cariño, empieza contigo.
Velle: Es como con los errores, ¿verdad? Si no me permito equivocarme, nunca descubro nada nuevo. Si no me permito explorar sin vergüenza, nunca sé qué me gusta.
Maluisse: Exactamente. El mismo Adulto que aprende a ver el error como mensaje, puede aprender a ver el placer como derecho. No necesitas ser perfecta para ser valiosa, y no necesitas «llegar» a tiempo para merecer disfrutar.
Maluisse: La próxima vez que sientas que tu Padre Crítico te juzga, respira y pregúntale a tu Adulto: ¿Es verdad que conocer mi cuerpo me hace menos digna? ¿Es verdad que el placer femenino es vergonzoso? Y deja que tu Niño Libre juegue un poco con la vida. Incluso en la cama.
Velle: Voy a intentarlo. Aunque sea solo conmigo misma, primero. Sin prisa, sin objetivos… solo con curiosidad. Gracias, abuela.
Velle respira hondo. Por primera vez en mucho tiempo, siente que puede soltar un poco el peso que lleva dentro… incluso el que cargaba entre las sábanas.
💭 Reflexión final
El orgasmo femenino sigue siendo, en muchas partes del mundo, un territorio rodeado de silencios, vergüenzas y desinformación. Fechas como el 8 de agosto nos recuerdan que el placer no es un extra: es un indicador de salud, de equidad en las relaciones y de empoderamiento personal. Hablar de ello no es indecente: es necesario.
La brecha del orgasmo no es biológica inevitable: es el resultado de siglos de silencio. Romper ese silencio —primero con nosotras mismas, luego con nuestras parejas, y finalmente con la sociedad— es un acto de valentía. Y como le recordó Maluisse a Velle: no necesitas ser perfecta para ser valiosa. Ni en la vida, ni en la cama.
📌 Nota final: Si tienes dudas sobre tu salud sexual, consulta siempre a un profesional de la sexología o a tu médico de confianza. La anorgasmia no es culpa tuya, y sí existe ayuda.
Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

