Dinámicas cambiantes en los juegos psicológicos
Una mirada actual y responsable desde el Análisis Transaccional
En el Análisis Transaccional (AT) se utiliza el concepto de juegos psicológicos para describir ciertos patrones repetidos de comunicación que, aunque parecen normales o razonables en la superficie, terminan generando malestar emocional en las personas implicadas. Durante muchos años, estos juegos recibieron nombres llamativos, provocadores o incluso ofensivos. Hoy, cada vez más profesionales del AT consideran necesario revisar críticamente ese lenguaje y la forma en que aplicamos la teoría.
Julie Hay, una de las figuras más influyentes del AT contemporáneo, lleva décadas señalando que algunos de estos nombres y usos ya no son aceptables ni éticos en el contexto actual. Este texto recoge esa reflexión y nos invita a actualizar nuestra mirada.
Por qué es necesario revisar los juegos psicológicos
Uno de los motivos que llevó a Julie Hay a escribir sobre este tema fue comprobar que, incluso en publicaciones recientes, seguían apareciendo nombres de juegos psicológicos como “Rapo”, “Pierna de Palo” o “Ahora te tengo, hijo de puta”. Aunque en su momento se pensaron como metáforas provocadoras, hoy estos nombres resultan sexistas, ofensivos o estigmatizantes.
El problema no es solo el nombre, sino lo que implica:
cuando usamos estos términos, corremos el riesgo de minimizar situaciones reales de violencia, discriminación o sufrimiento, tratándolas como si fueran simples “juegos psicológicos”.
Julie Hay recuerda también otros ejemplos históricos preocupantes, como cuando en los primeros escritos del AT se llegó a describir la homosexualidad como un “juego”, sin tener en cuenta el contexto social, la discriminación y las consecuencias reales que sufrían las personas por su orientación sexual. Hoy sabemos que ese enfoque era profundamente erróneo.
Cuando la teoría se usa fuera de lugar
Otro punto clave de la crítica tiene que ver con el uso inapropiado del AT para explicar situaciones extremas, como guerras, persecuciones políticas o violencia estructural.
Por ejemplo, algunos autores han intentado aplicar modelos como el Triángulo Dramático (Víctima–Perseguidor–Rescatador) para analizar conflictos bélicos o episodios históricos de violencia. Julie Hay y otros autores señalan con firmeza que esto es un error grave:
ser bombardeado, perseguido o forzado a huir no es un “juego psicológico”.
Cuando usamos teorías psicológicas para explicar hechos que tienen causas sociales, políticas o militares reales, corremos el riesgo de:
- culpar implícitamente a las víctimas,
- ignorar el poder y la desigualdad,
- y reducir la realidad a una explicación simplista.
Qué es realmente un juego psicológico
Para entender mejor el problema, conviene recordar qué es —y qué no es— un juego psicológico.
Eric Berne, creador del AT, definió un juego como:
una serie repetida de intercambios entre personas que parecen normales, pero que esconden una intención oculta y terminan con un resultado emocional predecible.
Un juego psicológico tiene varias características:
- hay mensajes dobles (una cosa se dice y otra se busca),
- hay una especie de “trampa” emocional,
- aparece un giro inesperado en la interacción,
- y finalmente las personas terminan con sentimientos desagradables, aunque conocidos.
- Si no están presentes estos elementos, no estamos ante un juego psicológico.
El problema de confundir juegos con realidades duras
Con el tiempo, algunos conceptos del AT se han aplicado de forma excesiva o poco reflexiva. Julie Hay señala que, dentro de la comunidad del AT, a veces existe una tendencia a explicar todo psicológicamente, incluso cuando los hechos muestran que lo que ocurre tiene causas muy concretas y reales.
Por ejemplo:
- Una persona con una discapacidad no está “jugando” un juego.
- Alguien que sufre acoso, violencia o discriminación no está participando en un juego psicológico.
- Una persona que vive en una zona de guerra no está actuando desde un rol psicológico aprendido.
En estos casos, hablar de juegos no solo es incorrecto, sino también poco ético.
Los “grados” de los juegos: una distinción problemática
Berne habló de juegos de primer, segundo y tercer grado:
- Los de primer grado son socialmente aceptables y no causan daños graves.
- Los de segundo grado se ocultan y generan más consecuencias.
- Los de tercer grado terminan en daño serio, procesos legales o incluso la muerte.
Julie Hay cuestiona esta clasificación, porque mezcla situaciones muy distintas. No es lo mismo una discusión privada que una agresión física o una persecución legal. Llamar “juego” a situaciones con consecuencias graves puede trivializar el sufrimiento real de las personas.
Por qué jugamos juegos psicológicos
El AT explica que las personas jugan juegos psicológicos porque obtienen algún tipo de “beneficio”, aunque sea inconsciente. Estos beneficios pueden ser:
- evitar situaciones que generan miedo o intimidad,
- recibir atención, aunque sea negativa,
- confirmar creencias aprendidas sobre uno mismo o sobre los demás,
- estructurar el tiempo y las relaciones.
Sin embargo, entender estos beneficios no significa justificar el daño, ni mucho menos aplicar esta explicación a contextos donde las personas no tienen opciones reales.
Los roles en los juegos y sus límites
A lo largo de la historia del AT se han creado muchos modelos de roles: Víctima, Perseguidor, Rescatador y otros más complejos. Estos modelos pueden ser útiles solo si se usan con cuidado.
Julie Hay plantea preguntas fundamentales:
- ¿La persona realmente tiene poder para elegir?
- ¿Está actuando libremente o bajo amenaza?
- ¿Tiene fuerza física, emocional o social para defenderse?
- ¿Está obedeciendo órdenes de alguien más poderoso?
Si la respuesta es no, no tiene sentido hablar de roles de juego.
El peso de los nombres
Nombrar algo no es neutral. Cuando damos un nombre, damos forma a cómo se entiende la realidad.
Muchos nombres históricos de juegos:
- refuerzan estereotipos de género,
- usan lenguaje ofensivo,
- estigmatizan a grupos concretos,
- o banalizan experiencias traumáticas.
Por eso, Julie Hay propone cambiar los nombres o dejar de nombrar juegos, y centrarnos en describir las dinámicas relacionales de forma clara y respetuosa.
Hacia un Análisis Transaccional más ético y actual
Julie Hay concluye con una invitación clara:
no estamos obligados a repetir los nombres ni las formulaciones del pasado. El AT puede y debe evolucionar.
En lugar de aferrarnos a etiquetas antiguas, podemos:
- describir las dinámicas sin culpabilizar,
- diferenciar entre procesos psicológicos y realidades sociales,
- usar un lenguaje inclusivo y respetuoso,
- y recordar que la teoría está al servicio de las personas, no al revés.
Como advirtió Alan Jacobs ya en 1977, cuando convertimos una teoría en una verdad absoluta, dejamos de pensar críticamente. El AT contemporáneo nos invita a hacer justo lo contrario: pensar, cuestionar y actualizar.

